Marga Fernández es la gerente del GRUPO GESS, empresa que gestiona el Club Infantil del Centro Comercial El Tormes. Según afirma, es una persona optimista por naturaleza que ha aprovechado todos y cada uno de los momentos de esta etapa de confinamiento. Estas semanas le han servido, además de para reflexionar y disfrutar del tiempo con los suyos, para diseñar proyectos que verán la luz muy pronto. “Los momentos complicados sirven para sacar lo mejor de nosotros”.

-¿Cómo ha vivido estos tiempos extraños de confinamiento?

-Como todo en la vida, depende del prisma con que se mire y yo soy una persona optimista por naturaleza, he intentado encontrar algo positivo en cada momento. Evidentemente, he tenido momentos de risa y de felicidad con mis hijos; de soledad; y también momentos de miedo, porque es obvio que nos ha tocado vivir una experiencia única, sin precedentes históricos. El COVID 19 y su confinamiento no ha sido fácil, nunca habíamos tenido que estar encerrados en casa, nunca nos habían prohibido salir a la calle, nunca habíamos visto cómo estaba en juego la salud de tantas personas y cómo la economía de un país se hundía a pasos agigantados. A eso se suma la incertidumbre de no saber cómo vamos a salir de esta, las consecuencias que va a tener para la población y para millones de negocios… esta crisis global asusta, pero me quedo con que esto tarde o temprano pasará. Y estar tantas horas y durante tantos día en casa a mí me han servido para reflexionar mucho, parar y pensar, que es necesario. Me hacía tanta falta que me quedo con eso.

¿A qué ha dedicado gran parte de su tiempo?

-Para evitar pensar en lo que estaba pasando mi mente ha mantenido un ritmo frenético, por lo que a veces he tenido la sensación de no tener horas en el día para hacer todo lo que me proponía. He podido poner en orden mis prioridades, mis ilusiones y mis sueños. He buscado nuevos propósitos. Este tiempo me ha posibilitado estar con mis hijos sin prisas y he pasado tiempo con ellos. Hemos sacado el Monopoly, el Trivial, el Cluedo, hemos visto series de Netflix y me he reído con ellos, hemos disfrutado. Hemos pasado tiempo de calidad, eso de lo que tanto hablo y que no ponía en práctica. Estar en casa ha sacado de mí secretos que ni yo misma conocía: me he vuelto cocinera (he elaborado tartas, bizcochones, un sinfín de postres con los que endulzar a todos), he realizado deporte en casa (una rutina cada día, a ver si dura…). Y he leído mucho, ha sido un placer pasar páginas y devorar libros. He tenido tiempo para aprender y seguir formándome, he asistido a muchos cursos (webinar, masterclass, etc.). Hacía tanto tiempo que no tenía esta oportunidad que la he exprimido al máximo. Y, por supuesto, he descansado. La vida es correr y correr, el estrés ya no es una elección es una realidad, y he descansado mental y físicamente. Creo que ya estoy preparada para volver a la vida real, salir con energía y fuerza.

– ¿Cuál se ha convertido en su rincón favorito de la casa?

-El balcón. Si me hubieran hecho esta pregunta hace unos meses, no habría sido esta la respuesta. Si bien es cierto que los balcones y las terrazas han vuelto a tener protagonismo, para mí se ha convertido en el lugar donde asomarme al mundo. Ha sido un rincón de paz y tranquilidad. Me ha aportado mucho en esta etapa tan complicada, no solo por los aplausos y conversaciones entre vecinos, me ha servido para olvidar durante ratos que estaba encerrada. ¡Cómo cambian los días con el sol y el cielo azul! Un lujo, mi balcón.

-Parece que en este tiempo hemos vivido en primera persona una película, ¿se atreve a ponerle título?

-Soy muy cinéfila y con el Estado de Alarma hemos vivido momentos que nos han llevado a situaciones dignas de la mejor ficción. Y son muchas las películas que acuden a mí en estos momentos difíciles, pero me quedo con Luis Buñuel y uno de sus clásicos: “El ángel exterminador”, una película de confinamiento que rebosa surrealismo y crítica social a partes iguales, es la asfixia social. Trata de un grupo de la alta sociedad de Méjico que celebra una fiesta en casa de los Nóbile y aunque todo transcurre dentro de la más recta etiqueta y formalidad los invitados no pueden salir de la habitación y no saben por qué… cuando pasan los días los formalismos y la buena educación se acaban. Y creo que es algo parecido a lo que nos está pasando a nosotros.

-¿Qué es lo que más está echando de menos de su faceta profesional en este tiempo?

-Me ha costado mucho acostumbrarme a esta falta de rutina: el levantarme, ducharme, vestirme, maquillarme, desayunar, salir e irme a trabajar. Es duro estar lejos de la gente que forma parte de mi día a día, y aunque mantengo contacto con la mayoría de mis compañeras (por vídeo conferencias o WhatsApp), echo mucho de menos la cercanía, los cafés a media mañana, las risas y los enfados, el estrés… Soy una persona muy social, me encanta relacionarme y compartir, y me está costando no poder estar cerca de la gente en estos momentos difíciles. Pero todo pasará y seremos más fuertes. Yo continuo con teletrabajo, no tengo tiempo de aburrirme, desde mi casa hay que gestionar y dirigir una empresa, Grupo GESS, y he aprovechado para diseñar proyectos muy interesantes que verán la luz próximamente, hay que reinventarse y los momentos complicados sirven para sacar lo mejor de nosotros.

-¿Aprenderemos algo de la experiencia vivida en estas semanas?

-Sin duda, yo creo que sacaremos conclusiones muy válidas de todo esto, como por ejemplo que hay que cambiar las prioridades, que lo que verdaderamente importa es la vida y la salud, que los servicios sanitarios son esenciales para la sociedad, algo tan sencillo como la importancia de la higiene (lavarnos las manos, la limpieza de superficies compartidas). Nos daremos cuenta que las vacunas son fundamentales, que es imprescindible invertir en investigación, valoraremos la solidaridad… Quiero pensar en positivo, como he dicho al principio, y quedarme con que aprenderemos algo de todo esto.